jueves, 11 de junio de 2009

REUNIÓN 11 DE JUNIO

Compromiso / reto personal:
El próximo miércoles 17 de junio, debemos entregar cada uno la parte correspondiente al protocolo de la investigación para que Byron lo revise y nos retroalimente en la reunión del jueves 18 de junio.

Temas tratados durante la reunión:
- Básicamente, definimos los elementos que vamos a incluir en el marco conceptual de la investigación. Y determinamos lo siguiente:

FACTORES QUE DEBE CONTENER EL MARCO CONCEPTUAL

Conceptos específicos

HOMILÍA

Concepto
Elementos
Modelos
Géneros de Expresión Oral

FUNDAMENTACIÓN

Bíblica
Teológica
Pastoral
Sacramental

EVANGELIZACIÓN

Homilía y configuración de comunidades
Experiencias de fe y Homilía
Catequesis y Homilía
Pastoral y Evangelización
Contextos Culturales
Homilía y Cambio Social

LITURGIA

Tiempos Litúrgicos
Dominical
Ocasiones Especiales

ELEMENTOS DEL MENSAJE

Lasswell
Técnicas de Comunicación
Psicología de Comunicación
Aproximaciones al mensaje desde distintos credos

?


viernes, 8 de mayo de 2009

Reunión Jueves 7 de Mayo de 2009 (Todo por revisar)

1. Participantes
P. Omar Zuluaga.
P. José Raul Ramírez
Prof. Bayron Osorio
Prof. Carlos Vásquez
P. Daniel Pérez
2. Desarrollo de la discusión
  • Sabemos que la homilía no está insidiendo en la experiencia de fe de las comunidades.
  • Es necesario que la homilía ayude al crecimiento en la experiencia de fe cristiana.
  • ¿Cuáles son los elementos que la hacen mejor?.

Objetivo general 0.01

Proponer elementos que contribuyan a la efectividad de la homilía en la transmisión del mensaje para que responda a la tarea de la evangelización, a través de una reflexión teológico-pastoral, acerca de las vivencias de la fe en la población entre los 18 y los 28 años, en algunas comunidades parroquiales del Oriente Antioqueño.

  • Para la investigación se elegirán parroquias urbanas, buscando el mismo tipo de población pero con percepción cultural diferente.
  • El trabajo se realizará con personas que tengan edades promedio entre 16 y 28 años.
  • Los municipios elegidos son: Marinilla, Santuario, La Ceja, Rionegro, El Retiro.
  • Se propone escoger para muestreo personas entre los 16 y 28 años, que frecuenten la eucaristía de 6:00 ó 7:00 pm. en cada uno de estos municipios.

JUSTIFICACIÓN (En elaboración)

LA INCIDENCIA DE LA HOMILÍA EN LA EXPERIENCIA DE FE DE ALGUNAS COMUNIDADES

La homilía es un género dificil, en razón de su auditorio heterogéneo y a la vez inconstante, sobre todo en los ambientes urbanos. A esto le podemos agregar que el público que escucha nuestras homilías se ha tranformado notablemente y quizás no lo hayamos advertido. Ya el Concilio Vaticano II advirtió este cambio cuando afirmó: «Hoy el género humano se encuentra en una nueva era de su historia, caracterizada por la gradual expansión, a nivel mundial, de cambios rápidos y profundos. Estos cambios, nacidos de la inteligencia y el trabajo creador del hombre, recaen sobre el mismo hombre, sobre sus juicios y deseos, individuales y colectivos; sobre su modo de pensar y reaccionar ante las cosas y los hombres. De ahí que podamos hoy hablar de una auténtica transformación social y cultural, que influye también en la vida religiosa»[1]. Ante esta situación, es cada vez más urgente investigar los códigos actuales de nuestro auditorio, para ajustar convenientemente los nuestros en la transmisión del mensaje revelado. De los contrario, la comunicación del Evangelio continuará quedándose a mitad del camino.

El lenguaje no es una cuestión de la que se pueda prescindir, pues la fe cristiana, según dice el apóstol San Pablo, se despierta a partir de la predicación: «Pero, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? (...) Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la palabra de Cristo». Es necesario anunciar la Buena Nueva de Dios. Y para ello no basta con hablar. Es necesario hablar de tal manera que ese mensaje llegue al hombre de hoy, un lenguaje rutinario e inadecuado en determinados contextos donde se pronuncia la homilía, puede significar:

Ø Falta de conocimiento de la Sagrada Escritura y de la exégesis.
Ø Falta de formación humanística y de profundidad teológica.
Ø Conocimiento insuficiente de la realidad humana concreta.
Ø Falta de una auténtica experiencia de vida cristiana.
Ø Pereza, negligencia, inercia mental.

Hay que tener en cuenta que la predicación no resonará en quienes la escuchan si no está en sintonía con la Revelación Divina, y con la experiencia de aquellos a quienes va dirigida.

No es la gente la que tiene que abandonar sus códigos y categorías comunicativas para tratar de captar nuestro lenguaje, apto en muchas ocasiones sólo para quienes han recorrido un camino largo en la vida cristiana. Es el que predica quien ha de hacer el esfuerzo de encarnar la noticia de Dios en las categorías y experiencias del hombre contemporáneo[2]. Si el mundo ha comabiado, si el auditorio de las homilías ya no es el de hace diez o veinte años, no se puede continuar anunciando a Jesucristo a partir de estereotipos superados. A través de esquemas que hacen sonar el mensaje, pero que impiden a la vez su resonancia sobre la vida real de los oyentes.

Durante el Sínodo de los obispos en el año 2008, que tuvo como tema la Palabra de Dios, se hizo visible la preocupación de estos, por la calidad de las homilías, ya que a pesar de la renovación de que fue objeto la homilía en el Concilio Vaticano II, se sigue haciendo visible la insatisfacción de numerosos fieles con respecto al ministerio de la predicación. Esta insatisfacción explica, en parte, la deserción de muchos católicos y su movilidad hacia otros grupos religiosos. La vida y la misión de la iglesia tienen como fuente la Palabra de Dios, que la nuetre y la expresa, porque esa es el alma de la teología y, además, la inspirradora de toda la existencia cristiana.

En este mismo sínodo, Mons. Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao y vicepresidente de la CEE. Afirmó que la homilía es parte integrente de la celebración eucarística. Que es uno de los ministerios más iportantes que puede prestar el obispo, el presbítero y el diácono a la comunidad de fieles cristianos. Es oportuno, por tanto, que en la preparación de la homilía, el predicador se haga al menos tres preguntas: ¿Qué dicen las lecturas que van a ser proclamadas en la celebración? ¿Qué me dicen personalmente a mí? ¿Qué debo yo comunicar a los participantes en la Eucaristía? Sin convertir la homilía en catequesis, ésta, debe tener un contenido doctrinal claro y vigoroso. Aunque parezca paradójico, el presidente de la celebración es el primer destinatario de su predicación. No es una palabra dirigida sólo a otros, y desde luego no es una palabra lanzada contra otros. El predicador se incluirá a sí mismo, también por la forma de hablar, en las exhortaciones, correcciones y llamadas a la conversión dirigidas a la comunidad. En la homilía convergen la vida de cada persona con sus necesidades y esperanzas y el anuncio de la Palabra de Dios. Existe un trasiego entre vida y celebración que debe facilitar el predicador. La homilía debe ayudar a los oyentes a interpretar la historia a la luz de la muerte y resurrección de Jesús como Él lo hizo con los discípulos de Emaús.

La homilía es un eco de la predicación de Jesús en la Sinagoga de Nazaret, donde después de hacer la lectura de un pasaje del Profeta Isaías, proclama: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oir»[3]. La homilía no es sólo la narración de lo dicho, ocurrido y escrito en el pasado, sino actualización con la fuerza del Espíritu Santo de lo que el Señor dijo e hizo. Lo proclamado como realizado «in illo tempore» e «in diebus illis» se cumple también «hodie». La liturgia de la Iglesia es el lugar privilegiado donde la Palabra de Dios resuena para toda la comunidad.

También aquí, en el oriente antioqueño, son muchas las personas que expresan su inconformidad con las homilías de los sacerdotes, a las que les dan el nombre, mas bien despectivo, de sermón. Cuando se pregunta a estas personas por qué no gustan de las homilías de los sacerdotes, es común encontrarse con algunas de las siguientes respuestas: a veces parecen una clase; están alejadas de la realidad; son demasiado moralistas; parecen un recetario; son muy abstractas y poco vitales; hablan de muchas cosas, a veces, confusas; no se nota convicción en lo que se dice; se expresan las cosas superficialmente; no es manifiesta la preparación humanística y teológica; no hacen un buen uso de las técnicas de la comunicación; no tienen manejo del público; hablan para ellós mismos; utilizan un lenguaje desconectado de la realidad concreta, el cual muchas veces, no se entiende; no tienen una estructura y un mensaje claro; no se conoce adecuadamente la palabra de Dios, entre otras.

El descontento que se manifieta también en otros lugares del mundo en torno a las homilías de los sacerdotes, también es compartido por los católicos de la nuestra región. Esta situación nos ha llevado a preguntarnos: ¿qué está pasando?. A la hora de comunicar la Palabra de Dios: ¿por qué no se está llegando o impactando a los fieles con ella? ¿Cuál es la incidencia de la homilía en la experiencia de fe de las comunidades del oriente antioqueño? ¿Que cambios se han sucedido en la cultura y el ámbito linguístico significativo que no han sido percibido por los predicadores?. Todas estas preguntas se encuentran a la base de este proyecto de investigación que tiene como objetivo realizar una lectura de esta realidad, establecer las causas del fenómeno a nivel social y cultural. Brindar un instrumento adecuado a los sacerdotes de la Diócesis Sonsón – Rionegro, a los seminarios de la diócesis, con el que puedan reflexionar de manera objetiva, acerca de la incidencia de sus predicaciones en la experiencia de fe de las comunidades, donde también puedan encontrar además de la lectura de la realidad, sugerencias y algunas estrategias de comunicación para mejorar la eficacia de las homilías en un mundo cambiante y posmoderno.

El proyecto de investigación en el campo de la homilía es, innegablemente, un hito en la Diócesis Sonsón – Rionegro, es pertinente y seguramente tendrá fecundidad heurística, ya que podrá ser la base de futuras investigaciones en el campo de la comunicación de la Palabra de Dios, la catequesis y la enseñanza de la fe de la Iglesia católica en general.

[1] GS. 4.
[2] Cf. De una carta pastoral de los obispos váscos, 1997 – REVISTA VIDA NUEVA, Nro. 2082, p. 25.
[3] EVANGELIO DE SAN LUCAS, 4,21.

martes, 28 de abril de 2009

Importancia de la Comunicación en la Homilía

Después de dos años de trabajo pongo a discusión de los lectores un instrumento que recuerda la importancia de la comunicación en la homilía.

El ejercicio pastoral del sacerdote valido de las herramientas de comunicación, abre posibilidades para comunicadores y presbiterio sobre esta fusión de saberes para hacer predicaciones más vivas, con una mayor preocupación por factores propios de la asertividad comunicativa; hablo del uso del espacio físico, empleo de micrófonos, manejo de la mirada, formas adecuadas de preguntar y responder, el correcto uso de la voz, etc.

La homilía por ser comunicación familiar, cercana con la feligresía, es comunicación pura. Un hablante que se comunica, que envía un mensaje, el cual quiere que sea claro, entendible. El sacerdote tiene a su disposición herramientas como la voz y su propia corporalidad, entre otros, para llegar a la asamblea. Los fieles por su parte, reciben información de todas y cada una de las acciones de quien predica. Con lo anterior, emisor y receptor son portadores de mensajes que afectan o fortalecen la claridad del mensaje.; aquí, consideramos actitudes silentes, posturas y ruidos en comunicación por parte de los oyentes.

Con el objetivo de entregar una herramienta útil para quienes desde sus pulpitos quieren poner en la boca y el corazón de sus oyentes la palabra de Dios, presento, en cumplimiento del objetivo trazado para este trabajo de grado “El arte de la homilía”.

Trabajo de Grado para Especialización en Gerencia de la Comunicación Organizacional, UPB. Bucaramanga.

miércoles, 22 de abril de 2009

EL PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN -- versión 0.01 (no terminado)

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
(versión inicial para discutir con el grupo investigador) Responsable: Carlos Vásquez

La homilética es el arte y la ciencia de la predicación. A través de ella, la comunidad recibe la verdad del Evangelio a través del predicador. Sin embargo, existen circunstancias que atenúan la efectividad del mensaje bíblico y generan confusión entre los creyentes.

En primer lugar, gran parte de la comunidad que asiste la liturgia no considera la homilía como un factor positivo de cambio en su crecimiento espiritual. La asistencia al templo y la exposición a las palabras del sacerdote se consideran como suficientes para sentirse buenos cristianos.

Por otro lado, un alto porcentaje de los asistentes a misa, al ser preguntados, no recuerdan el pasaje bíblico sobre el cual se basó la homilía y menos aún recuerdan el mensaje de reflexión del sacerdote sobre el mismo texto. Esto indica la falta de atención y el desinterés de la feligresía frente al mensaje y explicación del evangelio por parte del sacerdote.

Muchos asistentes regulares a la misa no sienten que su fe ha sido fortalecida después de escuchar una homilía. De hecho, el valor real de la fe pareciera estar enfocado exclusivamente hacia la asistencia al servicio litúrgico y la comunión.

Las homilías, en general, son percibidas como anacrónicas y alejadas de la realidad en la cual viven los creyentes. El tono letárgico y la disociación con la realidad de los creyentes estimula la apatía y bloquea el sentido del mensaje bíblico.

El valor de las homilías en el proceso de evangelización de la Iglesia no es tan contundente como debería ser. El propósito único de la homilía no es la evangelización, pero esto no implica que la evangelización vaya por un camino y la homilía vaya por otra dirección.

La feligresía oye la prédica como parte del cumplimiento del rito litúrgico, y se da por satisfecha, pero no escucha las palabras, no las aplica a su propia vida y mucho menos las entiende en su contexto. A veces, parece que el lugar de la homilía lo ocupara un vacío de información en el cual el creyente supo que escuchó un mensaje, pero no decodifica las palabras del sermón.

Las nuevas generaciones no se identifican con el mensaje expresado en la homilía ni con el sacerdote que celebra la misa, ni con el sistema de exposición utilizado. Sus modelos a seguir y sus formas de comunicación que involucran una sobre estimulación sensorial están en disonancia con un discurso plano y sin carga emocional o motivación psicológica.

Las posibles causas para esta apatía y falta de efectividad el mensaje transmitido por el sacerdote durante la homilía tienen diferentes orígenes. Entre ellos se pueden incluir los siguientes:

La falta de conocimiento del feligrés promedio sobre el valor litúrgico de la homilía y su propósito evangelizador de reconstrucción del individuo y de su comunidad, lleva a desestimar la homilía en términos de su aplicación en la vida cristiana y en la experiencia de fe de las comunidades.

El creyente promedio siente que su deber cristiano se perfecciona con la sola asistencia física al templo el sábado en la noche o el domingo, sin importar la trascendencia espiritual que impliquen los ritos litúrgicos a los que asiste.

La homilía parece estar desligada del fortalecimiento de la fe porque la fe parece construirse sobre otros elementos, tales como testimonios, milagros o carisma de algunos sacerdotes.

El distanciamiento entre el feligrés y la homilía podría determinarse como un alejamiento de tipo comunicacional porque la exposición de muchos religiosos no involucra un análisis de la homilía en términos de audiencias, tema, tono, contexto y propósito comunicativo.

El mandato bíblico de ir y predicar el evangelio a toda criatura, es decir, la evangelización misma, está desligada del mensaje de la homilía en muchas ocasiones. La fragmentación de la liturgia en cada una de sus partes sin tener en cuenta que la suma de cada parte debe ser un solo mensaje cohesionado, confunde, a los creyentes e interrumpe el proceso de evangelización durante la misa.

Los feligreses sienten el mensaje del evangelio ajeno a su realidad porque, muchas veces, no se les explica en términos comprensibles, porque no se les ejemplifica con elementos de la época actual y porque no se les presentan opciones de aplicación en sus propias vidas.

Finalmente, la juventud acostumbrada a videojuegos de un realismo asombroso, a las comunidades sociales en Internet, a los reality shows y a las imágenes impactantes que promueve el cine comercial, encuentra en la homilía un mensaje plano y poco estimulante que, en términos sensoriales, no puede explicar su realidad y menos transformar de modo alguno su vida.

FORMULACIÓN DEL PROBLEMA

Cómo preparar al homileta para ofrecer a la feligresía una predicación plena de contenido sustancial basada en una profunda reflexión teológica y, cuya transmisión sea expresada a través del desarrollo de habilidades comunicativas contundentes derivadas de la aplicación de técnicas de comunicación oral efectiva?

martes, 21 de abril de 2009

La Homilía: una comunicación viva -- Felipe Santos

Hay algunos cristianos - de los que van a Misa - que se aburren con las homilías de algunos sacerdotes. Es un hecho. Los hay que repiten el Evangelio, que no saben usar el micrófono o que hablan de forma cerebral.

No cuentan una experiencia vital de sus vidas. Son sermones aprendidos de libros y no de la propia oración y meditación personales. Y eso lo notan los creyentes que practican.

Pablo VI, en la Evangelii Nuntiandi, habla así de la predicación u homilía: No es superfluo subrayar la importancia y la necesidad de la predicación.¿ Cómo podrán creer sin haber oído hablar? ¿ Y cómo podrán sentir hablar sin alguien que se lo anuncie?...

La fe depende de la predicación y la predicación a su vez se actualiza por la palabra de Cristo. Esta ley propuesta un día por san Pablo conserva toda su fuerza.

La predicación es siempre indispensable. Sabemos bien que el hombre moderno, harto de palabras, se muestra cansado en escuchar y, peor aún, inmunizado contra la palabra. Conocemos también las ideas de muchos psicólogos y sociólogos que afirman que el hombre moderno ha superado la civilización de la palabra, ineficaz e inútil en la sociedad de la imagen.

Estos hechos deberían lanzarnos a poner en práctica en la transmisión del mensaje evangélico los medios modernos que emplea la civilización de la imagen.

Tales tentativas se han llevado ya a cabo Debemos alabarlas y animarlas para que se desarrollen más. la fatiga que provocan hoy tantos discursos vacíos, y la actualidad de muchas otras formas de comunicación no deben, sin embargo, disminuir la fuerza permanente de la palabra, ni perder la confianza en ella. La palabra es siempre actual, sobre todo cuando es portadora del poder de Dios.

Por eso sigue en pie el axioma de san Pablo: La fe depende de la predicación. Es la palabra escuchada la que lleva a creer.

Hay que saber leer los acontecimientos a la luz del mensaje de Dios... La homilía es un instrumento válido y apto para evangelizar. Hay que buscar su eficacia pastoral. Debe expresar la fe profunda del ministro sagrado que predica.

Texto publicado en Catholic.net.


El Ministerio de la Homilía -- José Adazábal

Enlace al texto online.